Acompañamiento a familiares de los migrantes guatemaltecos de la masacre de Camargo (enero 2021- enero 2022)

Red Jesuita con Migrantes de Guatemala

Guatemala, 2022


El pasado 22 de enero de 2021, cuando aún estaba en la Diócesis de Santa Rosa asimilando la noticia de mi nombramiento como VI Obispo de la Diócesis de San Marcos, sucedió la terrible masacre en Tamaulipas, México, en donde murieron calcinados 16 migrantes guatemaltecos, de los cuales 14 son de San Marcos, a quienes se les frustró el “sueño americano” de un futuro mejor para sus familias.

Tal como lo afirmaron los Obispos de Guatemala en un comunicado en junio de 2021: “Las migraciones irregulares son producto de un sistema económico y político fallido que no ha priorizado el resolver las causas estructurales que originan estas migraciones”. “Guatemala carece de política migratoria”, al constatar que “la corrupción, la impunidad, la exclusión, la injusticia, la inequidad, el abandono y la falta de oportunidades son los principales obstáculos que entorpecen el desarrollo”.

El dolor causado a las familias de las víctimas inocentes no se puede describir con palabras. De ahí que aprecio mucho el valioso servicio ofrecido por la “Red Jesuita con Migrantes en Guatemala” por la cercanía y el acompañamiento brindado a las familias en el proceso de duelo a lo largo del año, mediante el apoyo espiritual y fraterno, la ayuda humanitaria, los talleres psicosociales y la asesoría jurídica.

De esa manera, las familias se han sentido fortalecidas y han reconocido que Dios no las ha abandonado en su desgracia, sino que, como sucedió a los israelitas en Egipto, Dios ha visto la opresión cometida contra sus seres queridos, ha oído los gritos de dolor, ha reconocido sus sufrimientos y los ha consolado por medio de hermanos de la Red Jesuita que se convirtieron en buenos samaritanos al acercarse a los que sufren en su cuerpo y en su espíritu, y han curado “sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza”.

En una homilía el 7 de agosto de 2006, el entonces cardenal Jorge Bergoglio comentando el texto de Éxodo 3,7 decía: «Dios, nuestro Padre, escucha el clamor de su pueblo… Nuestro Padre escucha los sentimientos que nos conmueven, al recordar a nuestros seres queridos, al ver la fe de los otros y sus necesidades… Nuestro Padre escucha todos nuestros gritos de dolor, pero escucha de manera especial los gritos de dolor provocados por la injusticia: provocados por los capataces de los Faraones de este mundo…”.

En la encíclica Fratelli Tutti, n. 48, el Papa Francisco afirma: “A veces la velocidad del mundo moderno nos impide escuchar bien lo que dice otra persona. No hay que perder la capacidad de escucha. San Francisco de Asís escuchó la voz de Dios, escuchó la voz del pobre, escuchó la voz del enfermo, escuchó la voz de la naturaleza. Y todo eso lo transforma en un estilo de vida”.

Que el homenaje que este texto “El Vuelo del colibrí” ofrece a las familias dolientes, fortalezca su fe y esperanza en la vida eterna de sus seres queridos que vivirán para siempre en sus corazones.

 Mons. Bernabé Sagastume Lémus, OFM Cap.

Obispo de la Diócesis de San Marcos

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